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miércoles, 11 de julio de 2012

Un científico tenía leucemia y sus colegas le salvaron la vida


Lukas Wartman durante los exámenes que le hicieron para tratar su cáncer.

Los investigadores de genética en la Universidad de Washington, Estados Unidos, uno de los principales centros del mundo en trabajos sobre el genoma humano, estaban devastados. Lukas Wartman, un joven, querido y talentoso colega, sufría del mismo tipo de cáncer que se había dedicado a estudiar durante toda su carrera. Su salud se estaba deteriorando rápidamente. Ningún tratamiento conocido podía salvarlo y nadie que ellos tuvieran conocimiento había investigado alguna vez la conformación genética completa de un cáncer similar.

De la preocupación extrema nacieron las ideas.

Un día de julio del año pasado, Timothy Ley, director adjunto del Instituto del Genoma de esa universidad, reunió a su equipo. “¿Por qué no utilizamos todo lo que tenemos para ver si podemos encontrar al gen malvado que provoca el cáncer de Wartman, la leucemia linfoblástica aguda en adultos?” preguntó a sus colaboradores.

El equipo, entonces, intentó un nuevo tipo de análisis. Hizo la secuencia completa de los genes de las células del cáncer de Wartman y de las células sanas a modo de comparación y analizó también su ARN (ácido ribonucleico), primo químico del ADN, a la búsqueda de alguna pista sobre qué es lo que estaban haciendo los genes en su cuerpo.

Todos dejaron de lado otras tareas durante semanas y pusieron a trabajar a las 26 supercomputadoras y equipos secuenciadores de la universidad durante 24 horas.

Y encontraron finalmente un culpable: un gen normal que estaba trabajando a toda máquina y produciendo grandes cantidades de una proteína que parecía estar generando el crecimiento del cáncer. Pero había algo mejor aún, existía una nueva y prometedora droga (que ya había sido autorizada en casos avanzados de cáncer de riñón) que podía desactivar a ese gen. Fue así como Wartman se convirtió en la primera persona en recibir ese tratamiento.

El científico lucha hoy contra la leucemia usando el método que aplicaron en él.
Ahora, contra todo pronóstico, su cáncer está en remisión y así se mantiene desde el otoño boreal pasado.

Si bien nadie puede decir que está curado, hoy está vivo y bien. Y es pionero, además, de un nuevo enfoque para detener su enfermedad. Lo importante, dicen sus colegas, son los genes que impulsan el cáncer (no el tejido o el órgano, sea el hígado o el cerebro, la médula, la sangre o el colon en donde se origina el tumor).

El análisis genético de Wartman fue pagado por la universidad y por donaciones para investigación. Hubo una amplia solidaridad académica porque el joven científico supo ganarse la simpatía de quienes trabajaban con él. Llegó a Washington por casualidad. Creció en la pequeña ciudad de Indiana y quería ser veterinario como su abuelo. Pero mientras estaba estudiando en la universidad trabajaba en hospitales y se fascinó con el cáncer. Se anotó en la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington, en St. Louis, donde se interesó por investigaciones sobre los cambios genéticos que ocurren en los tipos de cáncer que pueden manifestarse en la sangre. Así, supo que lo que quería era investigar . En 2002, durante el último año de su carrera, fue a California para ser entrevistado para un programa de residencia en Stanford. La mañana que debía acudir a la entrevista sintió una fatiga repentina que lo paralizó.

Fue el comienzo de su enfermedad. Tenía sólo 25 años.

Los investigadores difieren sobre con qué velocidad este método, conocido como secuencia completa del genoma, podrá estar disponible para todos. Se calcula que sería, aproximadamente, dentro de una década cómo máximo y creen que encierra grandes promesas, si bien hasta ahora no ha curado a nadie.

Fuente: Clarín

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